EL TUA DESDE LA NUEVA CULTURA DEL AGUA

20 04 2009

 

EN DEFENSA DE UN MUNDO DE VALORES

 

FRENTE AL VANDALISMO DE LOS TIEMPOS DISFRAZADO DE PROGRESO

 

 

 

A mis queridos amigos de Portugal.

 

Ya de regreso en casa, con la mente todavía llena de bellas imágenes de ese regalo de la naturaleza y de la vida que es el Tua, pero con  el corazón encogido de pensar que ese río que hemos contemplado y disfrutado desde Mirandella hasta su confluencia en el Duero, un día pueda ser destruido desde la coartada del progreso y en nombre de un pretendido interés general.

 

Quedan pocos lugares donde el paisaje, la cultura, la intervención humana y el río estén tan bellamente integrados. Por eso, el destino de ese río tan profundamente hermoso es ser lo que ahora es: río; pues aún siendo río, podría llegar convertirse en el motor de un nuevo e interesante modelo de desarrollo económico respetuoso y sostenible de la región, si hubiera más sabiduría y voluntad política para que así fuera, que codicia patológica.

 

Como padre que soy del concepto -hoy ya mundialmente extendido-, de la Nueva Cultura del Agua, me siento en la obligación moral de recordar a los responsable del ingrato proyecto de represamiento del Tua, que en estos momentos, cuando ya tanto hemos destruido, degradar un río de las características del Tua, convirtiéndolo en un cementerio de aguas muertas, en un gran almacén de agua de para la generación de electricidad, es mucho más que una simple degradación física, química o biológica de sus aguas; es un atentado, una auténtica amputación que se haría a la vinculación emocional del ser humano con su territorio; sería una hipoteca para siempre, que significaría la destrucción y venta de un espacio portugués muy singular, con su historia y su cultura; un triste y lamentable punto final para un territorio histórico y unas gentes que merecen otro destino.

 

Los ríos como el Tua son parte consustancial de los territorios por los que nacen y pasan; son propia historia y su alma; son su voz y su memoria, la esencia de su identidad; destruirlos es una falta de respeto a quienes lo hicieron  habitable, lo amaron, defendieron y trataron de hacerlo grande.

 

 Entiendo que el Tua, integrado en su paisaje geológico, con ese trazado de ferrocarril histórico tan singular que le acompaña, con sus cultivos aterrazados, es un  patrimonio de memoria e identidad de todo Portugal, a la vez que un patrimonio de naturaleza y cultura a escala europea. Confío y deseo que en la Unión Europea así se entienda, y que nunca lleguen a dar luz verde al proyecto. Con su destrucción, Portugal, la península Ibérica y Europa, espiritualmente se empobrecerían un poco más en nombre de la paradoja del progreso.

 

Personalmente, siento el represamiento del río Tua como una operación mercantil profundamente inmoral, promovida desde los poderosos intereses organizados del sector hidroeléctrico y de la construcción, en connivencia con los poderes políticos, que no saben de gentes ni de patrias sino de dineros, plusvalías poderes y votos. Es un hurto que se haría a las generaciones venideras, un atentado contra sus derechos. Es un acto de vandalismo que jamás debería contar con las bendiciones de las instituciones medioambientales portuguesas, ni de la Unión Europea.

 

Quien no se ha detenido a contemplar ese río, ni el escenario cultural y humano por el que discurre; quien no la ha recorrido sobre una canoa, quien no ha sentido su fluir,… quien sólo lo ha visto a través de los mapas, de los cuadros con datos de caudales, de los hidrogramas y las cotas,…no podrá entender jamás el alcance físico y metafísico del atropello proyectado.

 

 No hay razón de necesidad de nadie ni de progreso alguno que justifique semejante barbarie. Y digo “barbarie” porque considero que en estos tiempos en los que tanto hemos destruido ya, el proyecto de represamiento del Tua es un acto vandálico, dicho sea con perdón de los vándalos.

 

Me parece evidente que a los impulsores del proyecto no les motiva del desarrollo de las gentes de esos territorios, sino el gran beneficio a perpetuidad que piensan obtener de la operación. Con el coste económico requerido se podrían hacer otras muchas cosas de gran interés para el verdadero desarrollo de la comarca, conservando su identidad y su valor patrimonial. Un simple concurso de ideas mostraría esa posibilidad.

 

Sería bueno que los alcaldes y autoridades del valle del Tua pudieran dar un paseo por zonas como el río Sella en Asturias, Murillo de Río Gállego en Zaragoza, los barrancos de la Sierra de Guara en Huesca, el Noguera Pallaresa en Lérida, o las gargantas del Ardech en Francia, para darse cuenta del valor que tiene hoy en día un río de las características del Tua como motor de desarrollo económico de una región, que ahora se pretende aniquilar desde el espejismo de un falso desarrrollo 

 

No vale la excusa la necesidad de generar energía para el desarrollo país, porque mientras no diseñemos un modelo obligado de desarrollo verdaderamente sostenible, toda la energía que se pueda ofrecer será siempre poca; no habrá nunca límite de satisfacción posible. Estamos abocados al holocausto hidrológico del país, a cuya consumación caminamos. Cuando nos demos cuenta de esa realidad, ya será tarde; los ríos tendrán sus dueños.

 

Lo que aportaría la producción hidroeléctrica de una presa en el Tua al total del consumo energético de Portugal es absolutamente irrelevante; bastante menor que el ahorro que se podría obtener de unas buenas campañas de educación y concienciación del uso responsable de la energía que actualmente se consume y el país dispone.

 

Cuando lo que está en juego es la destrucción de un patrimonio de naturaleza y cultura, los afectados somos todos. Todos somos usuarios de la belleza natural, y todos la necesitamos. Los ríos no saben de fronteras administrativas; en ese sentido, puedo decir que me considero un afectado por la destrucción del Tua. Las acciones humanas tienen el riesgo de pasar del uso al abuso; la destrucción del Tua sería un caso de abuso; una violación del domicilio público de las gentes, aunque ellas ahora no se den cuenta del alcance de lo que se proyecta hacer con su territorio, porque no ha habido un proceso público, transparente y plural de información.

 

Si a los portugueses se les pudiera explicar lo que es este río y lo que significa su pérdida en términos de despersonalización, liquidación y desguace de su país, y de lo que se podría hacer con la inversión económica requerida aplicada al verdadero desarrollo del territorio, no dudo de que se opondrían radicalmente a este ingrato proyecto, y entenderían conmigo que estamos ante un acto más del neovandalismo de los tiempos modernos disfrazado de progreso

 

Sólo la hipocresía de los intereses organizados (económicos, políticos, etc) es capaz de relacionar este proyecto con el interés general de las gentes del territorio, con su desarrollo económico y con la creación de puestos de trabajo; basta revisar la historia de las comarcas y valles que han pasado por ese proceso para darse de cuenta de qué destino le aguarda: un neofeudalismo, eldel poder hidroeléctrico. Sólo la presión de los grandes intereses, en connivencia con el poder político, podrán hacer que un proyecto de la codicia humana organizada -como entiendo que es el del Tua-, pueda tener una evaluación de impacto ambiental positiva. Sería lamentable, un golpe mortal a la credibilidad en las instituciones responsables de defender el valor del medio natural frente al abuso de los poderes y las coyunturas.

 

Quedan ya pocos ríos que conserven un mínimo de capacidad de evocación de la belleza y la armonía de lo natural como el Tua. Lo que va quedando de ellos, tanto en Portugal como en España, son auténticos cadáveres hidrológicos del progreso en panorama de privatizaciones fácticas. Ha llegado el tiempo de los ríos; el tiempo de decir basta ya de tanta destrucción en nombre de la mentira del progreso. Lo poco que queda de los ríos ibéricos es ya valor patrimonial, por consiguiente no tiene precio de mercado. Justamente por esa razón hablamos de sostenibilidad. Hablamos pero no la practicamos; seguimos en la huida hacia delante, porque de momento para algunos sectores el mal hacer colectivo es negocio.

 

El destino del Tua es ser lo que ahora es: simplemente río y patrimonio. Sus gentes merecen el derecho a seguir viviendo en ese valle, pero la solución no pasa por la destrucción del río, sino más bien por su conservación.

 

¡Larga vida al Tua!

 

Javier Martínez Gil

Miembro fundador de Coagret y de la Fundación Nueva Cultura del Agua

Decano de los catedráticos de Hidrogeología en España

Universidad de Zaragoza

[Documento original


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6 05 2009
Anónimo

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